Paz con Dignidad apoya la Huelga Feminista #8marzo2018

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Este #8marzo2018 vamos a la huelga feminista:
huelga de cuidados, de consumo, laboral y educativa

El 8 de marzo de 1908 murieron calcinadas 146 trabajadoras de una fábrica textil de Nueva York que protestaban para mejorar sus condiciones laborales. Más de un siglo después, el 8 de marzo de 2017, murieron calcinadas 41 niñas y adolescentes que se encontraban bajo la custodia del gobierno de Guatemala y que en represalia a su protesta para exigir mejores condiciones y denunciar abusos sexuales habían sido encerradas por los responsables del “hogar”. Son dos tristes efemérides que nos recuerdan que el 8 de marzo es un día más pero que, a la vez, es clave para denunciar la alianza criminal entre capitalismo y heteropatriarcado. Por ello, este 8 de marzo de 2018 nos sumamos en Paz con Dignidad a la huelga feminista: huelga de cuidados, de consumo, laboral y educativa.

Esta huelga feminista recupera el carácter inicial del 8 de marzo, declarado en un primer momento Día Internacional de la Mujer Trabajadora, y lo revisa teniendo en cuenta los cambios producidos en el ámbito social, en el laboral, en el familiar y en el concepto mismo de género. Aceptar que no se nace mujer, que se llega a serlo (como planteó Simone de Beauvoir hace más de medio siglo), supone asumir que hay muy poco de “natural” en lo que nos pasa por el hecho de “ser mujeres”. A la vez, reivindicar los derechos de las mujeres implica exigir que se cumplan los de todas  las mujeres, de todas las razas y culturas: de las mujeres migrantes que en Europa sostienen las labores de cuidados que antes hacían nuestras madres y abuelas; de las prostitutas, sobre las que se habla continuamente  sin que su voz sea la primera que escuchemos; de las indígenas que defienden a sus comunidades de las multinacionales y los gobiernos; de las jóvenes precarias que trabajan en grandes cadenas por un sueldo mísero y de las mujeres que fabrican en otros puntos del mundo los productos que se venden en esas cadenas por un salario aún menor.

Para sostener una lucha común hay que reconocer las diferencias. Lo que hace que todas tengamos un motivo para salir a la calle el 8 de marzo es que vivimos en un sistema que discrimina por razón de género, clase y raza. A través de la ordenación de la economía durante siglos, el sistema capitalista ha dado lugar a lo que conocemos como división sexual del trabajo, es decir, a identificar los trabajos de cuidados como propios de las mujeres y los trabajos productivos como propios de los hombres. Así es como el actual modelo, al organizarse a partir de la diferencia sexo-género, se beneficia de la asignación jerárquica de valores, invisibilizando el trabajo de cuidados bajo la idea de que las mujeres tenemos una capacidad cuidadora “natural”.

Este esquema deja de lado todo el trabajo necesario para la creación y mantenimiento de la vida y entiende como único sujeto económico a la persona asalariada. Es una visión heteropatriarcal, pues la división sexual del trabajo se asienta en la familia nuclear estructurada a partir del hombre que lleva el salario al hogar y de la mujer como encargada del cuidado de la familia. Ignora que somos vulnerables y ecodependientes y tampoco reconoce que somos las mujeres quienes históricamente hemos sostenido esa vulnerabilidad.

Asimismo, la reivindicación de los derechos laborales de las mujeres debe tener en cuenta la crisis de cuidados, producida, en gran medida, por la incorporación de las mujeres al mercado de trabajo sin una redistribución de los cuidados entre las personas y los Estados. El resultado ha sido una “conciliación” que en la inmensa mayoría de los casos implica que las mujeres realicemos dobles o triples jornadas. No es de extrañar, por tanto, que se esté traspasando los cuidados normalmente a otras mujeres de la familia o mujeres migrantes. La precariedad es, en todo caso, la norma.

Es imprescindible entender el cuidado como una necesidad básica de todos los seres humanos y también como una capacidad de todas las personas, no sólo de las mujeres. La lógica capitalista es incompatible con la vida porque ésta no puede ser valorada a precio de mercado y porque entiende el cuidado como un problema individual en vez de como una cuestión social y colectiva. Por lo tanto, pensar desde un enfoque feminista las relaciones de trabajo nos lleva directamente a cuestionar de raíz el capitalismo.

En Paz con Dignidad hemos tratado de incorporar el enfoque de género y feminista en nuestros proyectos y hemos avanzado en posibilidades para hacer compatibles empleo, activismo, estudio, ocio y cuidados, pero sabemos que este es un camino largo y que nos queda mucho por aprender. Aprovechemos esta jornada para reflexionar acerca de nuestra apuesta por la conciliación y los cuidados, para revisar cómo repartimos las tareas y para detenernos en esos aspectos que a veces pasamos por alto pero que refuerzan la desigualdad entre nosotras, como el lenguaje que usamos o las posiciones de poder que ocupamos.

Tenemos el compromiso y la obligación de materializar nuestra apuesta feminista para que no quede en un papel. Para eso tenemos que poner el cuerpo, pensarnos y abrazarnos en conjunto, pero también en solitario, pensando en las relaciones de poder que mantenemos y en su relación con el género. Desmontar las estructuras de poder que nos oprimen pasa por cuestionar las que tenemos en nuestro interior, porque lo personal es político y porque para luchar grandes batallas hay que pasar primero por las propias. Desde nuestro ejercicio de revisión personal e institucional, nos sumamos a la total aceptación de nuestra diversidad y a la exigencia de plena igualdad de derechos y condiciones de vida.

 Información sobre la huelga: http://hacialahuelgafeminista.org/

Trabajadoras de Paz con Dignidad

Descarga documento >> PcD apoya la Huelga feminista #8marzo2018

 

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