Duro golpe electoral a la izquierda salvadoreña.

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En El Salvador, la derecha se impone en la Asamblea Legislativa y pone en jaque al gobierno del FMLN.

Las Elecciones Legislativas y Municipales de El Salvador que se celebraron el pasado domingo día 4 de marzo fueron un gran mazazo para la izquierda salvadoreña, y abren un período incierto para el partido FMLN (Frente Farabundo Martí de Liberación Nacional).

La participación fue muy escasa, rondando el 42%. De ese porcentaje algo más del 10% corresponde a votos nulos o en blanco, como forma de protesta o castigo dirigido principalmente al FMLN por parte de un amplio sector de sus propias filas.

Ya en las encuestas se adivinaba un resultado muy adverso para el Frente, pero la derrota al final fue aún mayor de la esperada. En las legislativas, el FMLN obtuvo casi la mitad de votos que el anterior peor resultado electoral de su historia, pasando de los 800 mil votos de las elecciones de 1994 –cuando participaron por segunda vez y obtuvo 24 escaños–, a 475 mil en estas últimas, en las que les corresponderán 21 o 22 puestos. De hecho obtuvo la mitad de votos que las anteriores elecciones.

La derechista ARENA (Alianza Republicana Nacionalista) obtuvo la mayoría calificada en la Asamblea Legislativa con más de 823 mil votos y 38 de los 84 escaños totales. Un resultado muy similar al que obtuvo en 2009, e incluso menor en número de escaños que en las elecciones de 1991 y 1994, pero suficiente para duplicar al Frente en número de votos.

El resto de escaños se reparten entre los 10 del Partido de Concertación Nacional (PCN), 9 de Gran Alianza por la Unidad Nacional (GANA), 3 del Partido Demócrata Cristiano (PDC), y 1 de Cambio Democrático (CD) –todos ellos partidos conservadores y liberales–; además de un último escaño de una candidatura no partidaria.

En las municipales, el FMLN perdió la capital San Salvador, con menos de la mitad de votos que el partido ARENA. Tan solo ganó en dos capitales departamentales, San Miguel y Zacatecoluca (La Paz). De las otras grandes poblaciones tan solo pudo retener las alcaldías de Mejicanos, Suchitoto, San Marcos y San Pedro Masahuat, pero perdió otras como Quezaltepeque, Ciudad Delgado, Soyapango, Cuscatancingo, Ciudad Arce, San Juan Opico, Tecoluca, Cacaopera y Tejutepeque.

Al contrario, ARENA arrasó en San Salvador con su candidato ultraderechista Ernesto Muyshondt, que obtuvo más del doble de votos que la candidata del FMLN, Jackeline Rivera. Ganó a su vez en otras 9 capitales departamentales de las 14 que tiene el país, así como en numerosas poblaciones grandes no capitales como Santa Tecla, Ilopango o Chalchuapa, además de todas aquellas que arrebató al Frente.

A la vista de estos resultados, es más acertado decir que perdió el FMLN –al que le falló la mitad de su electorado natural, incluso parte de sus propias bases–, que hablar de una victoria de ARENA, que recibió los mismos votos de siempre.

Es sabido que en general la derecha sabe conservar mejor su voto, mientras que la izquierda debe esforzarse más para mantenerlo, al tratarse de un voto más crítico y exigente (esa es precisamente su naturaleza).

Pero este desastre del FMLN no se explica sólo en clave derecha-izquierda. Claro que las reglas del juego favorecen siempre a la derecha en una democracia liberal, son sus reglas; y por supuesto que influye también a su favor el papel de los medios de comunicación, y otros aspectos como la financiación de partidos por parte de grandes empresas y lobbies. Todo eso es así, y la izquierda aquí y en todas partes, ha aceptado estas normas; es más, tampoco ha hecho mucho para cambiarlas.

Entonces, debemos mirar hacia dentro por una vez, de forma honesta y crítica, preguntándonos qué ha ocurrido durante todos estos años para que el Frente fuera bajando de forma escalonada y tan drásticamente desde aquel triunfo de las Presidenciales de 2009 con Mauricio Funes. Y ahí encontraremos por ejemplo los errores cometidos por la Dirección Departamental de San Salvador con el apoyo de la Comisión Política, en relación a la expulsión del hasta ahora alcalde de San Salvador Nayib Bukele, que fue una fuerte apuesta instrumental del Frente (igual que lo había sido en su momento Funes), y con el que se produjeron varios desencuentros políticos. El FMLN descuidó mucho este asunto. Bukele no era un militante ideológico de la izquierda, y su carácter vanidoso y protagónico era ya conocido con anterioridad. El Frente desatendió estos dos aspectos, y los encontronazos fueron inevitables. Tras su expulsión, Bukele fundó el Movimiento Nuevas Ideas, que arrastró a centenares de cuadros descontentos del FMLN, críticos con la dirección por este y otros asuntos, y llamó al voto nulo como protesta. Ahora este movimiento llamará al voto para su mesiánico líder en las próximas elecciones presidenciales, que se celebrarán en menos de un año. La imposición de candidaturas ‘desde arriba’ puede costar caro al partido, especialmente si la apuesta sale fallida, como se puede observar.

Por otro lado, nos encontramos con las tensiones internas propias de una organización con diferentes tendencias en su origen, que, aunque no permitidas por estatutos, cohabitan en mayor o menor medida, como la existente entre las FPL (Fuerzas Populares de Liberación “Farabundo Martí”) y el PCS (Partido Comunista Salvadoreño), o la existente entre el movimiento de apoyo al actual vicepresidente del Gobierno Óscar Ortiz y la dirección del partido, controlada mayoritariamente por el PCS. Algunos de esos sectores han pedido la renuncia en bloque de la dirección, y de su Secretario General, Medardo González, incluso del presidente del Gobierno, Salvador Sánchez Cerén; o la convocatoria a elecciones primarias con padrón abierto para escoger al candidato presidencial, que actualmente sigue siendo el ex ministro de Obras Públicas Gerson Martínez.

La Comisión Política del FMLN anunció en su primer comunicado tras las elecciones que hará una reflexión “responsable y profunda” del mensaje enviado por la ciudadanía en estas elecciones, pero no será fácil ese ejercicio si no hay la suficiente serenidad y si se mantienen estas tensiones. De momento convocarán a asambleas departamentales y municipales “para tomar medidas que generen un nuevo rumbo a la entidad política con miras a las elecciones presidenciales 2019”, según palabras del propio Medardo González, que también señala que el problema principal es que como partido y como gobierno no han sabido comunicarse con el pueblo, un punto de partida que no atisba esa necesaria autocrítica ni la reflexión “responsable y profunda” prometida.

Así las cosas, se prevé un escenario muy complicado para la izquierda en el gobierno y en el partido hasta las próximas elecciones, con un mayor bloqueo al ejecutivo desde la Asamblea Legislativa, dominada abrumadoramente por la derecha y la extrema derecha, que también ampliará su control en el judicial, con el nombramiento de la Fiscalía General de la República y la Sala de lo Constitucional; un estancamiento y retroceso de las políticas sociales y los programas que se pusieron en marcha en estas dos legislaturas; el más que previsible avance de los propósitos privatizadores de la oligarquía, incluyendo recursos como el agua; una mayor presión fiscal para las mayorías; un peligrosísimo aumento de la tensión con las maras o pandillas por el más que previsible endurecimiento de la lucha contra la violencia; el acoso a los movimientos y organizaciones sociales, que ya comenzó en forma de controles y auditorías, y sin duda su criminalización.

En este contexto, desde las organizaciones de solidaridad internacionalista, debemos seguir atentas a lo que suceda en esta constante y tan desigual lucha por los derechos de las mayorías, y mantener el apoyo ahora incluso más que nunca, a los movimientos sociales salvadoreños.

Ricardo Gayol Rodríguez.

Paz con Dignidad – El Salvador.

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